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jueves, 20 de agosto de 2015

OSEAS. CAPÍTULO 11.

6. La niñez de Israel (Ex 4,23)

111Cuando Israel era niño, lo amé,
y desde Egipto llamé a mi hijo.
2Cuanto más lo llamaba, más se alejaba de mí;
ofrecían sacrificios a los Baales
y quemaban ofrendas a los ídolos.
3Yo enseñé a andar a Efraín
y lo llevé en mis brazos,
y ellos sin darse cuenta de que yo los cuidaba.
4Con correas de amor los atraía,
con cuerdas de cariño.
Fui para ellos como quien alza
una criatura a las mejillas;
me inclinaba y les daba de comer.
5Pues volverá a Egipto, asirio será su rey,
porque no quisieron convertirse.
6Irá girando la espada por sus ciudades
y destruirá sus cerrojos;
por sus maquinaciones devorará a mi pueblo,
7propenso a la apostasía.
Aunque invoquen a su Dios,
tampoco los levantará.
8¿Cómo podré dejarte, Efraín;
entregarte a ti, Israel?
¿Cómo dejarte como a Admá;
tratarte como a Seboín?
Me da un vuelco el corazón,
se me conmueven las entrañas.
9No ejecutaré mi condena,
no volveré a destruir a Efraín;
que soy Dios y no hombre,
el Santo en medio de ti
y no enemigo devastador.
10Irán detrás del Señor, que rugirá como león;
sí, rugirá y vendrán temblando
sus hijos desde occidente,
11desde Egipto vendrán temblando como pájaros,
desde Asiria como palomas,
y los haré habitar en sus casas
-oráculo del Señor-.

Explicación.

11,1-11 El poema del amor paternal de Dios, con rasgos maternales, es paralelo del poema del amor conyugal: se completan y relativizan. Coinciden en la quiebra paradójica del esquema: cuando todo parece perdido, por la resistencia de la esposa / del hijo, el amor invencible de Dios lo salva todo. Encontramos el tema de la paternidad en textos narrativos y proféticos: Ex 4,23; Dt 8,5; 32,6; Is 1,2; 30,9; Jr 3,4.19-22; 4,22; 31,9.20. El poema está encerrado en una inclusión mayor.

11,1 La historia se remonta al origen en Egipto: antes de la monarquía y del cisma. Amar es el primer verbo, el motor de todo (cfr. Jr 31,3). Mt 2,15 aplica a Jesús niño la frase de Oseas.

11,2 La llamada se repite en el Sinaí y en Canaán; en ambos lugares el pueblo es rebelde.

11,3-4 Escena doméstica en rasgos de contenida emoción. El texto hebreo dice "con cuerdas humanas", como oponiéndose a las usadas para animales y carros (is 5,18). Es un paralelismo sugestivo, "hombre y amor"; pero en el v.9 Dios dice que no es hombre. Por eso algunos corrigen y leen "cariño".
         En "fui para ellos " puede resonar el nombre de Yhwh. "Criatura": cambiando la vocalización para mantenernos en el contexto imaginativo.

11,5 Llega el límite de la paciencia: ante la contumacia del que no quiere volver = convertirse, se hace necesario volver al comienzo, volver a Egipto (8,13; 9,3). Que en las tradiciones del éxodo significa desandar la historia y cancelar la liberación.

11,6-7 La sentencia está justificada y se ejecutará sin escapatorias. Ni los proyectos humanos les pueden valer, ni la invocación a "su Dios" (Baal, el novillo). El texto presenta algunas dificultades. En vez de "maquinaciones", una variante lee "fortalezas".

11,7 Jr 2,28.

11,8 Pronunciada la sentencia inapelable y ya en marcha la ejecución, sucede algo inesperado: un arrebato de amor en Dios mismo, expresado en una especie de monólogo en voz alta. Con singular fuerza suena el verbo hpk = invertir, volcarse. Es el verbo clásico de la subversión de Sodoma y Gomorra, Admá, Seboín y Zoar. Sucede una subversión al revés, en el corazón de Dios. "Entrañas": corrigiendo el texto para mantener el paralelismo.

11,9 Un hombre cedería a la cólera, provocada una y otra vez, se desligaría de un pacto quebrantado por la otra parte. Dios no está condicionado por la conducta humana: su santidad se puede manifestar perdonando, convirtiendo y salvando. La última frase es dudosa; otra interpretación: "no quiero arrasar".

11,10-11 Así será posible y se realizará la gran vuelta desde Egipto: primero personal, hacia el Señor, después material, a sus casas. El Señor lanza un rugido que atraviesa las distancias. Es una llamada terrible y magnífica: aunque hace temblar, no ahuyenta, sino que atrae. El pueblo sentirá a la vez el atractivo irresistible del Señor y el temblor por la propia conducta. Con esta síntesis paradójica se realiza el retorno.

           "Oráculo del Señor", expresión ajena a este libro, parece señalar el final de la segunda parte.